Mont Saint Michel – 2 días en la edad Media (14 y 15 de marzo de 2011), Rennes de Yapa

Allá por el mes de agosto de 2010, cuando hacía horas extras y la posibilidad de viajar a Europa al menos por un mes era inclusive distante, buscábamos destinos posibles para visitar en cada ciudad. Una de las excursiones más importantes de París es el Mont Saint Michel, dura un día, te llevan temprano en una combi a una ciudad que está a más de 200 kilometros y un guía aburrido te muestra lo que tiene ganas, todo por la módica suma de 250 euros por persona. Tanto el presupuesto como el tiempo y el tipo de actividad no encajaban en nuestro posible viaje. Así, el monte quedó descartado, pero guardado en la memoria. Como dato anecdótico para aquellos que siguen la serie House M.D. era el lugar favorito de Cuddy y en uno de los ataques impulsivos del doctor Gregory House propone llevarla a esta fortaleza empezada a construir en el siglo VII.

Ahora que estábamos en Europa y disponíamos de más tiempo, este destino volvió a mi mente.

Información sobre el Mont Saint Michel abunda en internet, las fotos son preciosas, sino me creen pueden chequear aca, http://goo.gl/O0fzh. Lo que casi no se encuentra son los medios de transporte para llegar sin tener que caer en la combi de turismo japonés. Finalmente pudimos encontrar un tren que iba desde París a Rennes y desde allí tomar un micro. El importe por un tren de alta velocidad y el bus de buena calidad es de menos de 35 euros. Fue así que tomamos el tren a eso de las 6.30 de la mañana del lunes, llegando al monte finalmente a las 11.
Este destino era especial para festejar nuestra luna de miel por el compromiso. Fue así que llegamos al hotel y no a un hostel, dejamos las cosas y nos fuimos a la fortaleza. El hotel se encontraba a dos kilómetros del castillo, que es lo más cercano posible dado las características geográficas, pero a los pocos metros ya se podía observar el monte coronado por lo que alguna vez fue un monasterio.
A medida que íbamos caminando la construcción empezaba a hacerse cada vez más grande y los detalles comenzaban a lucirse.
Cuando llegamos vimos la puerta de la fortaleza, un puente levadizo para cruzar un foso de agua cavado alrededor de la misma. Lo que había visto toda mi vida en los dibujos animados, por fin lo veía hecho realidad. Al pasar esta puerta, no después de haber sacado muchas fotos, entramos a la parte inferior de esta ciudad feudal, donde en otro tiempo se habían alojado los individuos más pobres de la abadía vendiendo velas y otros insumos religiosos, ahora se encontraban las típicas tiendas de recuerdos y souvenirs. Comenzamos a subir y antes de llegar a la cima comimos unos ricos sandwichs e hicimos otras escalas para reponer aire.
La entrada al monasterio nos salió gratis, la de Maru por ser menor de 26 años «europea» y la mía porque la cajera hizo mal las cuentas y pensó que tenía 25 años.
El monasterio es increíble, su inmensidad y majestuosidad hacen pensar a uno en el esfuerzo que habrán invertido en construir algo así, desde los años 600 hasta los 1700. Lleno de recámaras, pasillos e iglesias, como leí en algún lado, uno podría pensar que en cualquier momento se podría encontrar con un monje o un caballero propio de la edad media.
Estuvimos en el monte un largo tiempo, visitando sus templos, casas y hasta el cementerio hasta que decidimos volver al hotel. Allí cenamos una típica comida francesa, pan, queso, salame y vino. Intentamos volver al monte en la noche pero a la mitad del camino apagaron las luces y nos volvimos al hotel. Sin embargo el esplendor nocturno de la fortaleza es aún mayor que la que exhibe en las horas de luz.
El día siguiente aprovechamos para descansar y tomar un desayuno bastante sencillo en la habitación del hostel. Teniendo en cuenta que el tren desde Rennes a París saldría a las 9 de la noche, decidimos tomar el micro al mediodía y pasear un rato por Rennes. Fue una linda decisión ya que pudimos incluir otra ciudad muy pintoresca en nuestro recorrido. Aunque si bien las construcciones se empiezan a repetir en estas ciudades medievales, cada una tiene su encanto y su distinción que las hace únicas. El recorrido por la ciudad si bien fue bastante corto, ya que no teníamos mucho tiempo ni donde dejar las mochilas, fue suficiente y visitamos casi todos los puntos más interesantes según lo que marcaba nuestro planito que habíamos adquirido en el centro de información turística.
Finalmente decidimos volver a la estación de trenes donde tomamos unos mates mientras esperábamos que llegue nuestro tren con destino nuevamente París!
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