Saint-Léger y Luxemburgo – (20, 21, 22 de mayo de 2011)

Nuevamente habíamos alquilado otro auto, sin embargo esta vez el motivo no era tan feliz, mis viejos se volvían a Argentina y nosotros íbamos a despedirlos. El coche era un Hyndai i10, todavía no logro entender como entramos los 4 ahí con todo el equipaje, era muy chistoso.
Aprovechamos el viaje para charlar y despedirnos, llegamos al aeropuerto, hicimos el check in y esperamos que mis papás pudieran hacer el abordo. Finalmente llegó la hora y tuvimos que despedirnos, no fue facil, pero no quiero escribirlo para no volver a ponerme triste, y más bien recordar todo lo que hicimos juntos. Visitamos un total de 10 paises, recorrimos en auto mas de 9000 kilómetros y pasamos muchos de mis días más felices.
Cuando mis viejos se despidieron la vuelta no fue tan fácil, no por el bajón, sino porque habíamos perdido el ticket del estacionamiento, felizmente el empleado del garage me cobró solo las horas que le dije que estaba ahí, un copado.
El viernes tocaba trabajar, pero a la tarde nos íbamos a Bélgica a visitar a Sam, el novio de Naza, que lamentablemente estaba en Madrid. Los dos días en Bélgica fueron superlindos y como siempre nos lamentamos que tan buen amigo viva tan lejos de casa. Llegamos super tarde a su casa, porque tuvimos dos embotellamientos, cenamos algo, tomamos unas cervecitas y al empezar la segunda (o sea al cuarto litro) ya estaba borracho. Nos fuimos a dormir y a reponer energías.
Cuando nos despertamos Sam nos estaba esperando con el desayuno, comimos rico y fuimos a recorrer Luxemburgo. La ciudad es increíble y allí hay muchísimo dinero, tuvimos suerte y había una fiesta, así que la pudimos ver en su explendor. Por la tarde fuimos al castillo, que está construído literalmente en la montaña y no en su superficie. Declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, este castillo es más bien una cueva y podría ser obra de los mismos enanos de la Tierra Media. Si bien en la ciudad había otro en su superficie era un señuelo que dejaba a los enemigos de espalda a la montaña desde donde venía el ataque para replegarlos.
Terminamos nuestra estadía en un parque bastante grande tomando una coca con unas papas, sólo para irnos rápido a un pueblo cercano a la casa de Sam, donde ese fin de semana se festejaba la fiesta anual. Una banda de rock, cerveza, vino, la fiesta de hecho era de ese vino en particular fermentado dos veces y un show de fuego artificiales hicieron la noche del sábado maravillosa. Los belgas, o al menos eso, son muy copados, charlamos con un montón de ellos y nos sorprendimos al escuchar con tanta naturilidad hablar el inglés a personas cuya lengua natal es el francés. Después de toda la fiesta afortudamente logramos llegar a casa.
Nos despertamos, desayunamos, pasamos la resaca e hicimos un Grill. Comimos, de postres hubo quesos, frances, italianos, belgas, asombroso y luego nos fuimos a dar la última vuelta por Saint-Léger y tuvimos que volver a Gärtringen. El viaje de vuelta fue mucho más rápido que el de ida pero llevó unas 4 ó 5 horas. Después de mucho tiempo nos quedaríamos más de una semana en casa. Y es que si bien nos encanta viajar el ritmo tan intenso mezclado con el tener que trabajar realmente produce cansancio. Y no es que nos hayamos cansado o no la hayamos pasado bien, todo lo contrario, pero un poco de vida casera, no viene mal de vez en cuando.
Así el sábado siguiente, fuimos al bosque cercano a la universidad, hicimos unas pizzas a la parrilla y nos colamos en una fiesta. El domingo volvimos a ir para hacer otra paella. La vida en casa no fue tan de casa en cierto sentido, pero al menos mucho más cerca de ella que las últimas veces. Sin embargo, el fin de semana siguiente era largo, jueves, viernes, sábado y domingo y ya estábamos planeando dónde ir…

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