Viena y Bratislava (18 y 19 de Junio)

Una de las cosas que más me gustan de viajar es no perder la capacidad de asombro, e inclusive a veces olvidar. Sin importar cuánto me haya deslumbrado un lugar o si pensaba que era el más lindo de todos los que había visto hasta el momento, parece que siempre el siguiente lo reemplaza, y no es que por algún misterio oculto haya ordenado los destinos según su belleza, ya que estoy seguro que me pasaría lo mismo si visitaras los lugares en el sentido opuesto. Tampoco importa que haya visitado o no el lugar. Recordaba que Viena era una de las ciudades que más me había gustado, pero que habíamos incluido en nuestro ignorante recorrido por el simple hecho de conocer y descubrir, ya que no esperábamos visitar ninguno de sus hermosos lugares de los cuales desconocíamos su existencia. Sin embargo, recordaba su belleza general y no los puntos que la formaban, es como aquel que ha disfrutado una buena película, pero que desea volverla a ver porque ha olvidado su argumento.
Con esta idea partimos el viernes por la tarde a la estación de buses, por delante teníamos una semana apretada, 5 países y mas de 2500 km por recorrer, con un presupuesto que intentamos reducir al mínimo, y creo que lo conseguimos, 9 días 800 euros para los dos All Inclusive. Y este término se burla de nuestro estilo de vida, o quizás sea al revés, ya que hemos dormido en hostel de 6 euros por noche con desayuno incluido.
Como pudimos dormimos en el bus que mucho tiene para envidiarle a los que van a Mar del Plata desde Retiro. Llegamos a las 6 de la mañana al hostel y aunque estaba cerrado nos dejaron entrar y dormimos unas horas en un sofá, para luego salir a recorrer la ciudad. Voy a robar las palabras de Maru para intentar describir Viena. Es una ciudad maravillosa, el estilo barroco la inunda aunque no es el único que lo hace. Por momentos uno parece estar caminando en París, otros en Buenos Aires o Londres. Visitamos su palacio, recorrimos sus calles, comimos salchichas vienesas, rellenas con queso en una baguette agujereada y entramos en sus maravillosas iglesias.
El domingo nos dirigiríamos a otro país, a su vecina capital de Bratislava, Eslovaquia. Tomamos el tren y en poco más de una hora estábamos allí, otra ciudad, otro país, 70 kilómetros que cambian totalmente la cultura, un país destruido por el comunismo y que ahora intenta continuar su destrucción con el capitalismo, nos estaba esperando.
Eslovaquia, uno de los países de Europa del este, tiene la fama y con justificativos, de ser un país barato. Es por eso que después de mucho tiempo, o tal vez la primera vez, decidimos almorzar en un restaurante. Comimos comida que a duras penas pudimos pronunciar y tomamos una cerveza local. Seguimos un circuito turístico visitando los lugares que alguien más decidió que debían ser visitados, castillo, iglesias, plazas y monumentos. Emprendimos nuestro regreso a las corridas para no perder el tren y afortunadamente aquí se siguen demorando aunque sea algunos minutos a la espera de turistas despistados como nosotros.
Volvimos a Austria, para recorrer su otro palacio, que habíamos olvidado el día anterior. Si no hubiese sido por Mariana, lo hubiésemos ignorado y no sabríamos la maravilla que nos habríamos de perder.
Volvimos al hostel a dormir pronto que el día siguiente salía nuestro bus rumbo a Budapest, Hungría!

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