Portugal (11/09/2011 – 16/09/2011)

Luego de nuestro vuelo de 4 horas en RyanAir y de haber dormido en el aeropuerto de Sevilla, finalmente pudimos recoger nuestra camioneta, con ella iríamos hasta Lisboa a encontrarnos con Ani, la tía de Mariana.

Cenamos, desayunamos y Almorzamos en un Mc Donald’s de la localidad de Faro, en el sur de Portugal. De allí derechito a Lisboa, hicimos el check in en el hostel y nos fuimos al Aeropuerto a recibir a Ani y a Ionne. Luego de un reencuentro esperado y emotivo, nos fuimos al Hotel, dejamos nuestro equipaje allí, y aprovechamos para dormir un par de noches con aire acondicionado. Luego fuimos a dar una vuelta por la ciudad y a tomar una cerveza en un mirador muy bonito, como todos estábamos mal dormidos nos fuimos pronto a la cama.

El segundo día fue muy provechoso, conseguimos el folleto de un tour «religioso» y lo hicimos por nuestra cuenta. Visitamos la iglesia de Fátima, donde veíamos gente recorrer unos 500 metros arrodillados al rayo del sol, al lado de una venta de velas y unos hornos que las quemaban inmediatamente, un gran negocio, llamado catolicismo. Luego visitamos los monasterios de Batalha y Alcobaça, inmensas construcciones perdidas en pueblos muy pobres, que dan a pensar cuántos de los seminaristas habrán tenido fe en dios. De allí nos fuimos a Nazaré, un pueblo de pescadores donde nos mojamos los piecitos en el mar, ya que ninguno había llevado su traje de baño. Para finalizar nuestro recorrido, visitamos Óvido, una ciudad medieval amurallada, digna de un cuento de caballeros, donde tomamos la famosa Ginjinha, un licor de cereza que se sirve en una taza de chocolate.

El tercer día, no nos fuimos tan lejos, sino que visitamos el  Monasterio de los Jerónimos y la torre de Belem, en las afueras de Lisboa, y el Palacio da Pena, en Sintra, la sexta de las siete maravillas de Portugal que visitariamos. Terminamos la velada, tomando unos mates en la costanera de Cascais.

El cuarto fuimos a Cohimbra, una ciudad famosa en los Fados, lo que podríamos llamar el tango portugués, pero nos daríamos cuenta que esta ciudad debe su fama a la fiesta que hay en ella y no a la belleza que posee. Visitamos su catedral en unas calles más angostas que las camionetas y dimos unas vueltas en la misma ya que los 40ºC espantaban hasta el más friolento de los turistas. Para aprovechar el día fuimos a la playa más cercana, Quiaios, donde la bandera roja impidió bañarnos pero no mojarnos, ya que al estar en la orilla del mar, un ola nos empapó casi íntegramente.

Finalmente, el quinto y último día decidimos visitar la ciudad que nos dejaba dormir. Así fue que tomamos los tranvías públicos, para hacerlos coincidir con el recorrido de los turísticos y paseamos un rato en ellos. Parando para tomar una cerveza en un acantilado cerca del puerto. Nos volvimos a nuestros respectivos alojamientos ya que al día siguiente queríamos viajar temprano para Sevilla, que, creo sin temor a equivocarme, debe ser la ciudad más calurosa de Europa.

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