España (16/09/2011 – 28/09/2011)

Terminado nuestro recorrido por Portugal nos dirigimos a su vecina España. Nuestro primer destino sería Sevilla, que puedo asegurar sin temor a equivocarme, es la ciudad más calurosa del mundo. Unos 42ºC nos recibirían mientras bjábamos las mochilas y las subimos al segundo piso del hostel, donde nos refrescamos y recuperamos un poco el aliento, para luego ir a dar una vuelta por la ciudad, visitando una de las iglesias dentro de la catedral que visitaríamos al día siguiente, para terminar la noche comiendo unos bocadillos en el centro de la ciudad. El día siguiente hicimos la visita obligada a la catedral, que nos dejó boquiabiertos durante varios minutos. Algunas horas antes habríamos visitado la iglesia de la virgen de Guadalupe donde pudimos observar la vestimenta de la estatua de la virgen de unos tres metros de altura, que ni la mismísima virgen maría habrá usado jamás.



Luego de haber visitado Sevilla, nos dirigimos a su vecina Granada, donde la mayor atracción sería el Nido del Buho, el mejor bar de tapas y restaurant que vi en mi vida. Donde una caña de cerveza viene acompañada de su correspondiente tapa, suficiente como para cenar, llegamos a pedir 3 en una noche. Otro punto interesante de la ciudad es la Alhambra, la fortaleza árabe construido hace ya más de 1000 años, con un nivel de detalle y arquitectura casi no visto por nuestra cultura.




Nuestro próximo destino fue Madrid capital de la madre patria, aunque hubiésemos preferido ser huérfanos, donde básicamente la visita consistió en encontrarnos con nuestras amigas Nazareth y Elisabeth, dimos una vuelta por la ciudad, visitamos el Museo del Prado, la Puerta del Sol y la Plaza Mayor, el Palacio Real y terminamos la noche tomando unas cañas en la Plaza Mayor. Finalmente nos despediríamos ya que nos deberíamos levantar temprano para viajar a Palma de Mallorca.




Y hacia allí fuimos, casi una colonia alemana, palma posee Müller, Lidl e incluso un Biergarten, que habla tanto de la falta de identidad española como la incapidad alemana de adaptarse a situaciones desconocidas. Dejando de lado las cuestiones sociales, pudimos disfturar de las paradisíacas playas a lo lardo de toda la isla, donde la transparencia del mar nos permitió ver el fondo a unos 7 metros sin ningún problema y nadar mientras filmábamos a los peces que venían a picarnos los pies.
Luego de Mallorca nos dirigimos a Barcelona, donde una vez más nuestra estadía consistió en visitar a un gran amigo, esta vez Sam. Con el visitamos el castillo de la ciudad, caminamos por la rambla y cenamos con sus padres en una plaza, haciendo una picada deliciosa española, acampañadas de unas ricas cervezas, gracias a la generocidad de sus padres. Tristemente tuvimos que despedirnos ya que tanto ellos como nosotros viajaríamos al día siguiente, unos hacia Bélgica, los otros hacia Italia.


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