Sihanoukville, un paraíso inesperado (del 14 al 18 de noviembre de 2011)

Luego de nuestros días en Battambang, volvimos a Siem Reap, donde pensábamos irnos inmediatamente hacia Laos. Afortunadamente no pudo ser así ya que necesitábamos visa. La gente del hotel se encargaría de tramitárnosla y como tardarían al menos dos o tres días en hacerla nosotros deberíamos sacrificarnos y viajar hacia otra ciudad, entre las alternativas que planteamos la elegida fue Sihanoukville.

Sihanoukville es una ciudad costera cuyas playas son, no quiero usar este adjetivo pero no encuentro otro para expresar su hermosura paradisíacas. Es que a veces usamos tanto ese término que parece que le faltásemos el respeto, sin embargo así lo es. Playas amarillas bañadas por un manso mar transparente hospedan reposeras para los turistas que queremos disfrutar de su hermosura. Allí y sin esperarlo volvimos a encontrarnos con Osvaldo y Pancho, nuestros amigos chilenos que habíamos conocido en otro hermoso lugar Nha Trang. Esta vez acompañado por otro macanudo chileno, javier, y por dos argentinos que ayudan a fortalecer la mala imagen que tenemos en el mundo. Con ellos quedamos en salir para festejar el cumpleaños de Pancho, pero nos desencontramos y los volvimos a cruzar en otra playa al día siguiente, esta vez con menos gente y mucho más natural que la del día anterior. El agua cálida invitaba a quedarse en ella mientras las suaves olas nos mecían cariñosamente. Allí pasamos algunas horas sin salir del mar más que para buscar la cámara de fotos para recordar y compartir el momento en un futuro. Sólo cuando se hizo de noche volvimos al hotel. Esta vez nos encontramos con nuestros amigos, tomamos unas cervezas y comimos unas hamburguesas.

El día siguiente hicimos el paseo que más he disfrutado en mucho tiempo, un recorrido en barco por tres islas, donde nadamos y nos tiramos del techo del mismo, con una adrenalina y alegría que sólo recuerdo en la infancia donde las cosas se disfrutan más acompañadas con la magia del descubrimiento. Así como un nene de 4 años saltaba al mar, nadaba del barco a la costa ida y vuelta y exploraba las barreras de corales. El día terminó sólo para embellecerse con el encanto de las cosas breves y tomamos nuestro bus rumbo nuevamente a Siem Reap en busca de nuestros pasaportes.





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