Ko Lanta, All inclusive a precio de Asia

Partimos de Ko Phi Phi con la tristeza de estar dejando un lugar tan hermoso, que se había convertido casi en nuestra casa, ya que hacía mucho que no pasábamos tanto tiempo en un mismo lugar, pero la melancolía no sería tanta dado que nos dirigíamos hacia otro lugar muy lindo, Ko Lanta.

Ko Lanta, es otra de las maravillosas islas de Tailandia pero enfocada en otro tipo de turistas. Allí nos sentimos como en un all inclusive del caribe. Nos quedamos en un hotel con playa privada, piscina, restaurante y boliche propio, por la módica suma de unos 500 THB la noche, es decir unos 8 dólares por persona. Como era de esperar allí seguimos descansando pasamos el primer dia entre playa y pileta, caminamos un poco por la arena y comimos en un restaurante de comida local. El segundo día nos acompañó la lluvia, por lo que aprovechamos para dormir aún más y a la tarde ir a la pileta. Por la noche cenamos cangrejo y camarones.

Pero es el tercer día el que se llevó todos los premios, decidimos alquilar una moto e ir a recorrer la isla y así fue como descubrimos su hermosura. Comenzamos nuestro recorrido perdiéndonos y llegando por accidente al antiguo pueblo de Lantam luego hicimos los increíbles caminos de montañas que ofrecían vistas maravillosas en las que se podía ver la playa desde las alturas rodeadas por otras montañas y justamente en una cima de ellas aprovechamos para ir a almorzar con una vista tan linda que no parecía cierta. Seguimos nuestro camino hasta la puerta del parque nacional donde unos monos comían y se sacaban los piojos mutuamente en la misma ruta. Como no quisimos pagar la entrada al parque nos volvimos y en el camino encontramos una playa privada cerrada tan solo por un alambre de puas y donde otros turistas y locales lo saltaban con facilidad, así que allí fuimos. En la playa éramos pocos y como ya se estaba haciendo tarde nuestos compañeros se fueron retirando y quedamos sólo nosotros en la playa. Era fantástico, una playa paradisíaca sin otros turistas, paradojicamente el sueño de todo turista. Las montañas enmarcaban la playa, el agua transaparente nos mojaba nuestros pies, y el horizonte era sólo cortado por dos inmensos yates que intentaban sin lograrlo, tapar los últimos rayos del sol que se fundía junto al mar. Estuvimos allí un rato largo, disfrutando de aquel maravilloso lugar que se convirtió en un lugar mágico y del que no podía irme sin nadar en su mar. Cuando comenzó a atardecer decidimos irnos y paramos para comprar el boleto a nuestro nuevo destino. Pocos kilómetros más adelante nos detuvimos a cenar una increíble langosta con 3 langostinos y ensalada, todo por 55 pesos.

Luego de disfrutar de la cena, volvimos al hotel, preparamos nuestras cosas y nos fuimos a dormir ya que al día siguiente nos iríamos a Ao Nang en Krabi (también en Tailandia) donde pasaríamos la navidad.








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