Navidad en Ao Nang, Krabi

Partimos de Ko Lanta hacia el norte, una ruta en contra a nuestro recorrido, el motivo, íbamos hacia la playa Ao Nang en Krabi, donde nos encontraríamos con nuestros amigos de Mola Viajar, Adrián y Gosia, que por cierto recomiendo visitar su sitio de internet, para pasar juntos las navidades. Para los que no recuerden los conocimos en la excursión a Maya Bay y nos ofrecieron pasar con ellos esta fiesta, dado que nosotros no teníamos planes y era lo que estábamos buscando aceptamos con mucho. El viaje hasta la playa fue tranquilo, primero una combi que nos sacó de la isla ayudada de unos ferris, que nos llevó hasta la ciudad de Krabi y luego en una de esas camionetas colectivo, que nos llevó de la ciudad hasta la playa. Como dato curioso, comprar el pasaje en una agencia de viajes salía 6 veces el valor que uno conseguía tomando el bus público, en el mismo tipo de vehículo.

Los primeros días en Ao Nang, fueron para descansar y disfrutar un poco de la playa cuando la lluvia lo permitía, pero más que nada prepararnos para navidad. Y el día llegó. Nos reunimos en la casa que Adrián estaba alquilando con su mujer. La mesa navideña estaba compuesta por una pareja de catalanes, 3 amigos del pueblo del anfitrión y la novia tailandesa de uno de ellos, además de los anfitriones y nosotros. Más tarde se unirían Federico y Georgina, otros amigos argentinos que habíamos conocido en Phi Phi. La fiesta estuvo excelente, a tal punto que nos fuimos cuando el sol comenzaba a aparecer, pero esa noche pude comprender por qué en casa comemos de la forma que lo hacemos en Argentina para esas fechas. La comida que habían preparado fue tanta que sobró para el día siguiente y también le sobró a los chicos para más adelante. Como un detalle, habían cocinado 8 kilos de tortilla y para completar la lista, teníamos, paella, pollo y costillitas fritas, ensalada rusa, huevos relleno y calamares rellenos con carne y langostino, plato que terminamos comiendo a las 4 a.m. como si fuera lo más natural del mundo. Para acompañar habían conseguido unas 100 latas de cerveza y algunas botellas de Whisky y Rum para preparar las cubatas que tanto le gustan a los españoles. Además de comer, pasamos la noche charlando y escuchando música. Cuando nos despedimos acordamos encontrarnos el día siguiente para seguir las celebraciones y decidimos reunirnos a las 4 p.m. por primera vez en mi vida nos juntábamos almorzar en navidad a una hora realemnte razonable, jamás entendí por qué el almuerzo de navidad es como tarde a las 2 p.m..

El 25 nos volvimos a juntar para terminar la comida como si fuera una obligación moral y ciudadana hacerlo. Pasamos una tarde muy agradable y al despedirnos acordamos reunirnos los días siguientes con Tanit y Jordi, la pareja catalana, para hacer algunas excursiones, cosa que nunca sucedió vaya a saber uno por qué. Por nuestra parte como habíamos quedado en juntarnos con ellos nos quedamos cuatro días más en el hotel, días que aprovechamos para ir a la playa donde unos simpáticos monitos jugaban con los turistas en el extremo sur de la misma, y hacer la excursión del placton mágico.

Ese paseo se llevó todos los premios de esta ciudad. Al principio comenzó como todos los viajes que habíamos realizados, snorkel, alimentar a algunos peces, nadar y navegar. En fin, algo maravilloso pero que no valía cuatro veces más que el resto de estos viajes que habíamos realizado. Sin embargo al atardecer la cosa empezó a cambiar. Después de haber navegado bastante y ver tiburones en el mismo mar en el que nos habíamos bañado paramos para cenar en una playa increible que simplemente recomiendo ver sus fotos, para ahorrarme la vergüenza de no poder describir algo tan hermoso como aquello que vimos. La playa amarilla con una textura similar a la maizena se mezclaba con el azul del mar, formando un hermoso verde que iba en degradé hasta el punto donde la pronfundidad aumentaba bruscamente, convirtiendo el color del mar en un azul intenso. Completando el maravilloso paisaje, una de estas islas en forma de montaña se erguía imponente declarándose reina en el mar.

Luego de la cena de arroz con langostinos, nos embarcamos nuevamente y nos dirigimos hacia el plato fuerte del paseo, sumergirnos en el mar en la oscuridad de la noche cerrada detrás de una montaña para que la visibilidad sea casi nula. Allí en la oscuridad practicamente absoluta en el medio del mar descubrimos el placton mágico y sinceramente el adjetivo hace justicia con lo que uno vive. Al movernos el placton que está permanentemente al rededor nuestro se iluminaba como si fueran bichitos de luz marinos, movíamos piernas y brazos en forma de círculos y para todos lados intentando hacer el mayor moviento posible, el placton estaba enloquecido y cientos de puntos amarrillos iluminabn el mar y a nosotros mismos, lo único que pudimos hacer fue simplemente reir. Esto sólo ya pagaba el valor de la excursión y con creces, nos deleitamos el mayor tiempo posible y volvimos al barco, de allí al hotel, disfrutamos un día más de playa y nos preparamos para partir a Langkawi, Malasia. Era 30 de diciembre y estábamos por conocer un nuevo país donde recibiríamos el 2012, pero eso ya es otra historia.


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