Disney, un día en el mundo mágico

Y lo que habíamos planeado casi por casualidad el día anterior, este, se convertía en realidad para cumplir las sueños, siguiendo su slogan estábamos yendo a Disney.
Nos levantamos temprano, tomamos un rico y fuerte desayuno, lo cual no sería muy bueno para nuestras aventuras, pero como estaba incluido, no nos quedaban muchas alternativas. Tomamos el subte y un tren y llegamos al mundo de fantasía, entramos al parque en pocos minutos y esperamos ver las interminables colas que por suerte nunca aparecieron, el clima bajo cero, pero de un día soleado, espantaron al resto de los turistas.
 
Teníamos entrada para dos parques, con lo cual pensaba que teníamos que elegir entre 2 de los x parques, sin embargo no fue así, EuroDisney es mucho más chico que se hermano gringo y sólo cuenta con dos parques que nosotros pudimos recorrer perfectamente en nuestro día sin colas, lo cual fue genial, teniendo en cuenta para la cantidad de personas que el parque está preparado. De esa forma fuimos hacia donde menos gente iba, el Walt Disney Studios, al dar el primer paso uno ya empieza a respirar la magia y a descubrir como cada esquina está hecha del material de los sueños. Pasando las primeras tiendas y restaurantes que se encuentra en mayor cantidad que los propios juegos, pudimos ver al señor Disney de la mano de su mayor “no creación” el ratón Mickey, con un fondo del monte con el cartel de Hollywood. Seguimos caminando y vimos el primer juego, un carrito para nenes de Buscando a Nemo, que entramos únicamente porque no había que hacer cola. Resultó que el juego no era tan para nenes, sino una maravillosa montaña rusa en la oscuridad con proyecciones holográficas (en 3D) de la película que le daba el nombre, la cual nos disparó estrepitosamente a la hora de comenzar, nosotros acostumbrados a la lenta y agonizante subida de las montañas rusas esperábamos algo similar y recibimos la primer sorpresa en el mundo de fantasía. Salimos del juego como nenes saltando y gritando, aun más que antes de entrar, interrumpiéndonos para contarnos que nos había gustado más. Las emociones se fueron acrecentando a medida que pasaba el tiempo y los juegos nos sorprendían cada vez más. Fuimos extremadamente afortunados ya que el parque estaba prácticamente vacío en comparación a lo que debía ser, y las colas duraban apenas 10 minutos como exageración, a tal punto que pudimos repetir juegos y lo único que nos perdimos fueron los shows.
Finalmente el parque cerró y nos despedimos de aquél lugar donde habíamos vuelto a ser niños!
 
 
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