Blogtrip a Tierra del Fuego – Parte II (2 y 3 de febrero de 2013)

Nos despertamos a la mañana temprano con el objetivo de desayunar y esperar nuestro transporte, el cual, finalmente nos llevaría al cabo San Pablo, uno de los principales objetivos del blogtrip, organizado por el Ministerio de Turismo de la Nación bajo su programa «Viajá por tu País».
Sentís cosquillas en la panza?Qué estás esperando para salir a la ruta?
Juan sería nuestro choffer, un chico de nuestra edad que pertenecía a la tan preciada categoría de NyC. Tengo que reconocer que la primera vez que leí esta sigla, lo hice como New York City, aunque líneas más adelante, se explicaba que correspondía a Nacido y Criado. Parece ser que, en el sur de nuestro país, el hecho de ser nativo y haber crecido en una ciudad, permaneciendo en ella, sube un par de niveles sociales. Dejando de lado el hecho que ya no quedan más Onas, y la última Yámana, espera el fin de sus días con la amargura de la certeza que su raza desaparecerá junto con ella, y por lo tanto todos los habitantes de Tierra del Fuego podrían considerarse invasores, el término NyC fue una de las cosas que más me decepcionó de esta cultura. El hecho de no haber nacido en la provincia, hace que, por más que se ame esa tierra más que cualquier otro, uno nunca podrá ser NyC. Al preguntarle sobre su condición, Juan pareció haber sabido lo que pesaba, y simplemente confirmó nuestra pregunta cambiando rápidamente de tema.

 
Viajando en el tiempo, nos perdimos en una postal.
Nos subimos los 5 a su camioneta y comenzamos nuestro viaje, rumbo al norte. Siendo imposible otro en la ciudad más austral del mundo. A medida que pasaban los kilómetros fuimos charlando con Juan y nos volvió a comentar acerca del incendio en el cabo. Dado que había tenido que reincorporarse al trabajo luego de sus vacaciones, en un primer momento desconfiamos de su palabra e insistimos en llegar a nuestro destino a pesar del incendio. Asumíamos que la ruta sería transitable y que el accidente ocurría a un par de kilómetros de nuestro destino. Sin embargo, luego de un par de consultas en puestos de control confirmamos que la ruta estaba cerrado al tránsito y el incendio tenía varios kilómetros de frente. Por un momento nuestra alma de exploradores con deseo de documentar esta catástrofe deseó ir para poder transmitir y contar la experiencia del desastre que puede ocasionar una colilla de cigarrillo tirada en una banquina, un fuego prendido en un lugar no permitido o cualquier descuido en el que podamos incurrir por mínimo que nos parezca. Sin embargo, al reconsiderar las dimensiones del accidente escuchamos las propuestas de nuestro guía-choffer y nos decidimos por ir al Lago Yehuin.
 
Para llegar al lago Yehuin se debe tomar la ruta H, que nace a 20 km al norte de Tolhuin, un pueblo ubicado a mitad de camino entre Ushuaía y Río Grande, que visitaríamos horas más tarde. La ruta h, es un camino de ripio que desemboca en la cabecera de dicho lago, y debe su nombre a que la misma fue trazada, al igual que muchas otras, cuando la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, no tuviera tal carácter, sino el de Territorio Nacional y por ello las rutas provinciales aún llevan como nombre letras y no números.
 
Inconsciente de su fortuna, descansa la estancia
Una vez que se toma la ruta H, no sólo comienza el viaje hacia el lago, sino que a medida que los kilómetros avanzan, el tiempo parece retroceder. En nuestros mapas sólo se marcaban los cascos de las estancias y a mitad de camino, difícilmente uno podría determinar en que año se encontraba si recién se despertara de un largo sueño. Un paisaje que me recordaba una época que no viví, nos rodeaba y nos hacía imaginar una Argentina que fue. Grandes extensiones de campo interrumpidas sólo por algunos cascos de estancias, eran enmarcadas por frondosos bosques que se extendían en el horizonte, mientras que flores de colores terminaban de embellecer la postal en la que nos encontrábamos.
 
Reiteradas veces nos detuvimos a tomar fotografías, intentando recordar parte del hermoso paisaje, como cuando un niño llena una botella con agua cuando conoce el mar. Como si no fuera suficiente, rutas que se perdían en el horizonte terminaban de satisfacer nuestros gustos viajeros. Así, seguimos un rato avanzando en la ruta y en nuestro viaje en el tiempo.
 
Luego de pasar por varias estancias, dos de las cuales pueden ser visitadas por turistas, llegamos finalmente al lago. A su orilla un hotel abandonado parecía ser el único paso del hombre por estas tierras y un muelle que estaba por desaparecer, era más bien un puente que unía dos mundos. El lago despliega su inmensidad al pie de la cordillera y sus translúcidas y heladas aguas bañan las costas del bosque subantártico. Allí fue donde decidimos almorzar una vianda que habíamos llevado dado que desde el gran incendio forestal que sucedió en el 2012, sólo en muy pocos lugares en toda la provincia puede hacerse fuego. Sin embargo, nuestros únicos compañeros, un grupo de 5 buzos prefectos que estaban haciendo sus operaciones en el lago, hacía su asado en un chulengo, que al parecer, está permitido.
 
Un muelle o un puente entre dos mundos?
Pasamos aproximadamente media hora o 45 minutos allí, el tiempo en esta región, no sólo parece retroceder sino también detenerse, por lo que también es difícil determinar cuanto tiempo permanecimos allí. Finalmente emprendimos nuestro viaje de regreso, aunque aún faltaba detenernos y recorrer el pueblo de Tolhuin.
 
Volvimos por la misma ruta por lo que habíamos ido y parecíamos estar regresando al presente. Sin embargo la escala en Tolhuin también lo sería en nuestro viaje temporal. Visitamos el centro, donde el negocio más importante es una panadería que también es la terminal de micros que permiten a sus habitantes llegar tanto a Ushuaía como a Río Grande. Dimos algunas vueltas por el centro y finalmente nos alejamos para recorrer la cabecera del lago Fagnano. En su orilla fue que nos detuvimos a comer una fruta llamada Calafate, que a pesar de su delicia no es cultivada, sino que crece en forma silvestre y luego es recogida para comerla como lo hacíamos nosotros o prepararla en forma de exquisitos dulce. Como si el sabor fuera poco, dice la leyenda que el que come de esa fruta, vuelve a esas tierras.
 
El Fagnano baña las costas de Tolhuin
Finalmente emprendimos el camino de regreso al hotel, y mientras lo hacíamos, le preguntaba a Juan, nuestro guía, cómo se podía hacer el recorrido tan maravilloso que habíamos hecho ese día si uno viaja por su cuenta. Lamentnablemente, la única forma de llegar es alquilando un auto ya que el transporte público llega a Tolhuin y aún desde allí se deben recorrer más de 60 km hasta llegar al lago Yehuin. Sin embargo algunas estancias están abierta a los turistas y se pueden arreglar excursiones en la capital de la provincia, lo cual puede ser una buena forma de llegar hasta estos maravillosos sitios que recomiendo fuertemente visitar.
 
Cuando llegamos a nuestro hotel, dejamos nuestras cosas y salimos en seguida junto con Juan Pablo, quien me acompañó a comprar unos borcegos y después fuimos a tomar una cerveza en un bar irlandés, charlamos un rato y volvimos al hotel.
A medida que avanzamos la ciudad comienza a desaparecer entre la cordiller y el mar
 
 
Imponente, el lobo marino, se irgue manifestando su majestuosidad
Había llegado el último día, con el blogtrip había recorrido una de las provincias más hermosas de nuestro país y ya estaba feliz. Sin embargo faltaba el cierre, la frutilla del postre, la navegación por el canal de Beagle. Si bien supongo que es uno de los recorridos más populares en esta ciudad, es una excursión que no puede dejar de hacerse, ya sea en su versión corta o larga, volviendo por tierra luego de haber visitado la estancia Harberton o por mar.
 
Comenzamos nuestro viaje pensando que haríamos el recorrido corto, sin embargo al llegar a la embarcación, al haber lugar en el catamarán que haría el recorrido largo, nos ofrecieron a todos los pasajeros cambiar a éste sin ningún costo adicional.
 
El faro, no sólo señala el peligro a los marineros.Anuncia el fin de la civilización.
Tan sólo al salir del puerto, la ciudad parece perderse en la inmensidad de la montaña o en la majestuosidad del mar. El aire frío nos llenaba con su pureza y algunas gotas de agua salpicaban la borda. Navegamos algunos minutos deteniéndonos por primera vez para apreciar los albatros, una ave muy similar al pingüino pero que puede volar. Luego, vimos los primeros pingüinos y lobos marinos en islas donde los animales son sus únicos habitantes. Finalmente llegamos al Faro Les Eclaireurs, conocido como el faro del fin del mundo, aunque no es su nombre correcto, no  recuerdo bien por qué. Construido por la marina en 1919, es increíble pensar cómo se realizó tal obra en aquel punto perdido del mapa en esta época de antaño.
 
En segundos cambiará su graciosa torpeza por fascinante destreza.
Luego de pasar por el faro, la navegación larga sigue por cerca de 90 minutos hasta llegar finalmente a la isla de los pingüinos, donde varias especies de este simpático y ágil animal conviven y nos deleitan con sus gracias en tierra y su destreza en mar. Después de haber sacado varias fotos seguimos nuestro recorrido hacia la estancia Harberton, primer asentamiento del hombre blanco en la isla de tierra del fuego. Allí, se bajaron los pasajeros que se quedarían en la estancia para volver por tierra, excursión que puede ser comprada por 110 pesos en el catamarán si aún no se tiene, pero que por razones de tiempo no pudimos tomar. Así fue que emprendimos nuestro viaje de vuelta por el mismo camino que habíamos hecho, esta vez sin detenernos, charlando en la cubierta, o tomando aire fresco, acumulando el frío que sabríamos que al volver a Buenos Aires no tendríamos.
 
La estancia Harberton, pionera, ahora recibe turistas.
Al volver a tierra, nos fuimos directamente a almorzar y finalmente al hotel a esperar que nos pasaran a buscar para ir al aeropuerto. Nuestro blogtrip a Tierra del Fuego llegaba a su fin. Tan inesperado como había surgido, después de haberlo disfrutado intensamente, era el momento de decirle adiós. Sin embargo, una tierra tan maravillosa, guarda un lugar en mi corazón, con la certeza (o deseo inexplicable) de que algún día volveré.
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