Barcelona, comienza la vuelta al mundo!

La cuenta regresiva, la más grande de todas las que estábamos llevando finalmente estaba en 0. A 10.000 ms de altura nos ofrecían pasta o pollo y los sorbos de cerveza ayudaban a deshacer ese nudo que teníamos en la garganta. Todo había quedado atrás, hace tiempo, nuestra casa, luego el trabajo, que por más bueno que sea, quién no desea o al menos se le pasó por la cabeza dejar todo e irse a vender cocos a la playa;  pero ahora había llegado el turno de despedirnos de nuestros seres queridos. El saludo fue tan intenso como breve posible, para ayudar a que las inevitables lágrimas desaparecieran prontamente. Pero ahora, ahora sólo quedaba lo incierto por delante, las aventuras y los viajes, conocer nuevas personas, nuevos lugares y dar paso a la incertidumbre.

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El vuelo transcurrió sin más, en 12 horas en las que poco pudimos dormir, estábamos en Londres. Me gustaría decir que la escala fue sencilla, pero no lo fue. Por alguna razón sin sentido tuvimos que volver a pasar por los controles de migración, tan ridículos que los detectores de metales sonaban incluso sobre mis brazos descubiertos. Allí mismo se debían dejar los productos comprados en el freeshop del aeropuerto de origen o hasta nuestro dulce de leche, que al explicarle que no era líquido sino sólido, el guardia contestó que no le interesaba. En fin, nuevamente volví a pensar en lo ridículo de los controles de seguridad y como no son más que una herramienta para mantener histérica  la sociedad bajo una falsa sensación de seguridad de un temor falso e infundido, para fomentar el odio racial, la violencia y el egoísmo.

Luego de tanta estupidez, esperamos nuestro nuevo avión que nos llevaría finalmente a la capital catalana. En un pueblo de sus cercanías nos esperaba nuestro amigo Sam, o, mejor dicho, su casa. Llegamos, recuperamos algunas horas de sueño y finalmente nos reencontramos, cenamos y charlamos sobre muchos temas. Lo más raro de estas amistades, es que, aún después de varios meses o incluso años, la relación se mantiene intacta y se retoma la charla como si se hubiese visto a la otra persona el día anterior, pero con el valor agregado que son muchos los temas para charlar.

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El día siguiente, iríamos a Valencia haciendo autostop, o al menos eso intentaríamos. Después de haber esperado un total de 6 horas en diferentes puntos decidimos volvernos cabizbajos, convirtiéndose en nuestra primera decepción y nuestro primer intento fallido de hacer dedo. Tenemos que aclarar que hicimos todo, pero todo mal. Salimos tarde a la ruta, sin un mapa, no conocíamos los caminos y ni siquiera tuvimos en cuenta los puntos recomendados donde paran autos y camioneros a lo largo de la ruta. Sin embargo, jamás pensamos que ningún auto nos iba levantar o incluso llevarnos a una estación de servicio para conseguir mapas y demás. Al volver a la casa, hicimos la investigación que deberíamos haber hecho antes de salir, y nos enteramos que, junto a Italia, España es uno de los países más difíciles para viajar y conocer gente de esta forma. Si bien mucha gente nos cuenta que esta práctica era bastante común hace unos años, ahora la gente es más desconfiada, culpa de la crisis. Dejando ya de lado el tema de nuestro intento fallido de autostop, que recomendamos hacer ya que  hay muchísimos casos exitosos, lo terrible es que todo parece ser culpa de la crisis. Otro concepto malicioso y perverso para controlar a la población. Si bien esa palabra la escuchamos al menos una decena de veces por día, cada vez que hablamos con alguien, esta crisis española es más cruel de lo que parece. Muchas veces me he quejado de aquellos españoles que cobrando el paro (el seguro de desempleo que paga el estado por hasta un máximo de 2 años dependiendo de la antigüedad), en lugar de buscar trabajo o poner su propio negocio, típico de argentino (kiosko, remisseria, cancha de paddle, parripollo, o algún otro ejemplo de la brillante y decadente década de los 90’s), usaban ese dinero para irse a recorrer el mundo, encontrando a muchos de ellos en nuestro viaje por el sudeste asiático. Esta vez la malicia y el egoísmo provienen de las empresas avaladas por un gobierno de extrema derecha. Es que, bajo la excusa de la crisis, las empresas pueden despedir al personal que quieran, con media indemnización, bajo el pretexto de que la empresa dará pérdidas o incluso menos ganancias que el año anterior. Bajo estas reglas de negocios, las empresas han rearmado sus organigramas, eliminando jerarquías y departamentos, llegando a una tasa de desempleo del 27%, dándole a los afortunados empleados que quedan las responsabilidades de los anteriores, generando horas extras y a menor paga, trabajando bajo el miedo de perder sus magníficos puestos que le permiten pagar sus hipotecas. Hipoteca, otra palabra atemorizante y perversa. Hipoteca en realidad en francés o inglés significa deuda que acompaña hasta la muerte. Además de ayudar a que el valor de las propiedades aumentara 10 veces en menos de 15 años, llegando a valer departamentos de 20 metros cuadrado unos 300.000 euros dependiendo la zona, las hipotecas en este país (no sé cómo serán en otros) para ser otorgadas debían ser avaladas. No obstante eso, la deuda es personal y no alcanza la propiedad como garantía, ni siquiera la del aval, sino que si la deuda no puede ser pagada y el banco decide ejecutar la hipoteca, como hoy en día los precios han bajado considerablemente, es probable que se desaloje al poseedor de la propiedad, a su aval y aun así esta persona mantenga una deuda con el banco. ¿Alguien dijo que la esclavitud se había abolido en el mundo occidental?

Dejando de lado mis análisis sociales-económicos-políticos que tanto aburren pero que tanto me gusta hacer, volvamos a la frivolidad de la historia de una parejita feliz que recorre el mundo, pero al menos veámosla como la historia de dos locos que cansados de la injusticia del mundo han decidido correrse a un costado para observarlo e intentar cambiarlo, aunque aún no sepan cómo.

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Luego de no haber podido hacer dedo, repensamos y cambiamos nuestro itinerario varias veces durante el transcurso de los días. Pero por ahora nos quedaban varios días más en Montgat, pueblo cercano a Barcelona. Aprovechando que estábamos en días de sol, decidimos ir a la playa y, aunque el agua estaba helada, pasamos un día hermoso. Almorzamos el mejor sandwich que probé en mi vida. Un “bocadillo” de unos 50 centímetros de lomo de cerdo (carne y no fiambre), jamón serrano y pimientos verdes cocidos en un sabrosísimo pan de barra estilo baguette.

El viernes pasó sin mucho, decidimos ir a la ciudad para caminar por sus calles, pero al haberla visitado varias veces nos conformamos con caminar por su rambla y el puerto. Las faltas de ganas de caminar eran fomentadas por un frío intenso que estaba empezando a sentirse culpa de una tardía ola de frío polar.

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Llegó el sábado y podíamos ir a dar una vuelta con Sam. Fuimos a visitar el monasterio de Montserrat y hacer una pequeña caminata por la montaña disfrutando de un paisaje maravilloso, que contenía desde inmensas copas de los pirineos con nieves eternas hasta el agua del mediterráneo que bañaban alguna costa lejana. Disfrutamos del paseo haciendo un pequeño picnic en una ladera de la montaña y finalmente nos volvimos a las apuradas. Es que se hacía la hora y era el momento de ver un show del que estábamos deseosos de disfrutar hacía varias semanas, un partido en el camp nou. Habíamos decido gastar un poco y darnos un gusto, ver al mejor equipo de la historia del fútbol, y al mejor jugador que ha existido y existirá, el gran Messi. O al menos eso pensábamos. Lionel estaba lesionado (después de 4 años) y no fue ni al banco; y como el partido no era importante la mayoría de los titulares fueron al banco para ser reservados para jugar el partido de la Champion League. En resumen el partido fue tan malo como un Unión Vs All Boys y la hinchada más poblada de gringos que de locales parecía estar viendo una película en el cine. Dejando de lado todo esto la experiencia fue excelente, es que en el Camp Nou no importa el partido o si la hinchada en lugar de alentar a su equipo pide la independencia del condado de Catalunya, la energía se siente y vibra escondida en sus butacas, no hace falta mirar mucho para sentir todo el fútbol que allí pasó y disfrutar de esta maravilla.

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Llegó el domingo y lo pasamos nuevamente en la playa tomando una cervecita y disfrutando del paisaje despidiéndonos de Sam. El lunes dejaríamos la ciudad, el modo sería en tren, ya veríamos cómo haríamos el resto, pero queríamos llegar a Valencia y visitar a nuestro amigo Eduardo. El viaje sería largo pero muy cómodo y aprovechamos para trabajar un poco en nuestro vídeo de Barcelona (pueden verlo más abajo en este post). Finalmente estábamos en Valencia.

 

[Aventuras360] 01 – Barcelona from Guillermo Paez on Vimeo.

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