Battambang y un viaje mágico (12 y 13 de noviembre de 2011)

Y dejamos los místicos templos de Angkor Wat para dirigirnos hacia el segundo «highlight» (o punto destacable) de Camboya, el trayecto en barco desde la ciudad de Siem Reap hasta Battambang. Ésta no cuenta con grandes maravillas, por eso no hicimos más que caminar por sus desordenadas calles en el borde del río, pero el sólo recorrido fluvial valía la pena. O al menos eso nos habían dicho. Lamentablemente ese paseo en bote fue una gran decepción para nosotros. Hubo muchos factores que ayudarían a que así fuera, una sobre espectativa creada tanto por la guía como por la diferencia de precio con el bus (6 dólares americanos contra 22) y la gran cantidad de agua que allí se encontraba debido a las inundaciones de este año. El recorrido en sí es bonito y muy pintoresco empezando por un gran lago donde el horizonte se funde con el cielo para luego estrecharse en pequeños canales donde el bote apenas puede entrar, o al menos eso debería haber sucedido, ya que como el agua cubría los laterales lo único que acotaba el tamaño del río eran interminables camarote que el barco pudo cortar no sin algo de esfuerzo. Al igual que en muchas otras partes al finalizar el trayecto nuestro transporte tocaba una bocina un tanto peculiar para avisar a los lugareños de su presencia. Ellos se acercarían a entregarnos mercancías en pequeñas barcazas de fabricación artesanal, algunas con «timones» marca Hiunday unido a cabos que daban dirección a las pequeñas canoas, se subirían a nuestra embarcación para realizar parte del recorrido con nosotros y nos entregarían su correspondencia. Por su parte pequeños niños correteaban desnudos por tramos donde el agua no había podido dominar a la tierra en sus profundidades y agitaban sus manos fuertemente para saludarnos con una alegría envidiable, mientras que otros más grande se tiraban al río desde cualquier plataforma que encontrasen haciendo sus mejores piruetas para enseñarnos sus destrezas. Así transcurrieron las seis o siete horas de viaje en el cual además de otros turistas nos acompañaron locales y monjes vestidos con sus peculiares túnicas naranjas. En fin, un recorrido que ahora que lo cuento es sumamente pintoresco y que me terminó gustando por el simple hecho de recordarlo sin la expectativa de algo que fue y no que será.




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