Langkawi, la llegada a Malasia

Luego de un largo viaje que incluyó combi, barco, migraciones y un taxi, llegamos a Langkawi, conocíamos un nuevo país y estábamos ansiosos por descubrirlo, aunque para ser justos estas ansias no son de descubrimiento sino de disfrutar y relajarnos en sus playas. Sin embargo la emoción que tiene llegar a un nuevo país, luego de cruzar las fronteras y hacer migraciones, cosa que realmente odio del hecho de viajar y el único momento en que no lo puedo disfrutar, es maravillosa.


Esta vez conseguir habitación no fue tan facil, tuvimos que caminar bastante, recorrer y preguntar en todos los hoteles de la zona económica. Cuando ya nos estbámos resignando en dejar la zona, en el último hotel que nos faltaba por preguntar, en la última habitación que tenían pudimos alojarnos. La habitación era muy bonita, teníamos aire, tele que nunca prendimos, una mesita para comer y hasta una pava eléctrica que nos ayudó a preparar nuestros primeros mates en Asia. Por su parte, el baño era, sin embargo, uno más de este continente, la pared no tenía ni reboque grueso, la ducha sólo contaba con agua fría, la pileta era mínima, sin contar con ningún lugar para dejar aunque sea el jabón, carecía de espejo, mientras que el piso permanecía húmedo la mayor parte del tiempo ya que el agua de la ducha, que claramente caía en el mismo piso, no drenaba correctamente y para finalizar teníamos una amiga un tanto peculiar, una araña que no llegaba a ser tarántula pero tampoco era chica, que ya nos habíamos acostumbrado a no matarla para que, al menos, se comiera los mosquitos. En fin, como dije anteriormente, otro baño asiático, pero teniendo en cuenta que esto era moneda corriente para nosotros, la calidad de la habitación era de un hotel 5 estrellas.

La celebración de año nuevo, fue un tanto diferente que a la de otros. Si bien la pasamos solos, fue mágica, en la playa, con miles de otros turistas y locales nos sentamos en una lonita y cenamos unas tradicionales hamburguesas con unas cervecitas esperando las doce, con un cielo que se iluminaba tanto por los fuegos artificiales como por las lámparas que se asemejan a nuestros globos, teniendo la suerte que el viento soplaba hacia el mar y nos permitía vera todas reuniéndose sobre el mismo, como si de aves migratorias se trataran.

Nuestra estadía estaba planificada hasta el 2 de enero, sin embargo nos quedamos hasta el 5, para disfrutar de la hermosura de esas playas, simplemente no podíamos creer que existiesen lugares más lindos de los que ya habíamos visto. Los días no variaban mucho uno de otros, playa, comer comida india, dormir hasta tarde y relajarse. La última noche para despedirnos del mar, cenamos unos «Langostinos Tigre», unos langostinos de hasta unos 40 centímetros que tienen un gusto asombroso, algo así como si fuera lomo de langostino, sin palabras.

La despedida del mar fue un tanto díficil, sin saber cuando estaremos en un lugar así nuevamente estuvimos en el mar hasta que oscureció la última noche, al día siguiente nos iríamos a Melaka, para hacer una pequeña escala antes de llegar a Singapur, donde además de conocer otro país, nos reuniríamos con nuestro amigo Brian.



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