Zurich (11/02/2011)

La ruta que nos indicó el GPS evitando los peajes, nos obligó a entrar a Suiza, volver a Alemania e ingresar nuevamente a Suiza. Llegamos a Zurich, donde me llevé la primer sorpresa. Yo había estado en esa ciudad en 2009 y sabía que se podía recorrer tranquilamente en 2 horas o menos ya que la mayoría de los puntos a ver estaban en el casco histórico que a esas horas estaría deshabitado. Grave error. La ciudad de noche cambia de color. A las orillas del río las luces iluminaban las construcciones medievales y las calles que allí nacen nos llevaron a iluminadas tiendas establecidas en el casco histórico de la ciudad. En el laberinto típico que forman las callejuelas de esta ciudad uno puede perderse fácilmente atraído por cualquier tipo de negocio donde el producto más accesible puede ser prohibitivo incluso para aquellos quienes están en un viaje de lujo. Nos contentamos con mirar, como si de las piezas de un museo se tratase, donde uno aprecia la pieza sabiendo que es todo lo que hará.
Al caminar por el extenso centro de calles peatonales encontramos otra cosa que no esperábamos. Gente. Si bien era viernes, eran las 11 de la noche y hacía mucho que no veíamos personas caminando como tales y no como zombis después de las 6 de la tarde (aunque debería decir de noche). En el pueblo que estoy viviendo pasada las 18 las únicas personas que se ven son aquellas que vuelven de su trabajo y se dirigen a su casa caminando a un mismo ritmo, con las cabezas bajas y sin hablar entre sí. Una hora más tarde y con la niebla que ha habido, uno podría pensar que se encuentra en una de las tantas películas de terror que hollywood nos ha sabido dar. Pero no era así en Zurich, las personas caminaban distendidas, algunos por las mismas callejuelas que nosotros, otros yendo a los costosos restaurantes. Era algo que uno no debería destacar como importante, pero que teniendo en cuenta mi situación actual, lo es.
De Zurich, no hay mucho más para contar. Volvimos al auto que habíamos dejado bastante alejado del centro en un oscuro callejon y partimos hacia nuestro destino final de ese dia, Interlaken.
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Un comentario

  1. TRANQUILO, MI ABUELA DECIA: HAY QUE MIRAR VIDRIERAS AUNQUE UNO NO PUEDA COMPRAR, ESO REFINA EL GUSTO.
    HERMOSO TODO. COMO SI LO ESTUVIERA VIENDO.
    BESITOS.

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