Dublin (02/09/2011 – 05/09/2011)

Nuestra visita a Irlanda fue un tanto variada respecto a nuestro hospedaje, la primera noche dormimos en un hostel en el centro de la ciudad, la segunda nos albergó un chico francés en su departamento en el quinto piso de un edificio que nos ofrecía una vista increíble de la ciudad, y por último tuvimos la suerte de que Brendan nos recibiera en su casa la última noche, ya que habíamos planeado ir a dormir al aeropuerto, nuestro vuelo era muy temprano, no había buses y tampoco queríamos molestarlo. Sin embargo nos ofreció una cuarto en su casa en las afueras de la ciudad, donde nos cocinó y nos pidió un taxi para el día siguiente.

El primer día en esta ciudad, lo dedicamos a descansar, teníamos una cama en el hostel para usarlo cuando quisiéramos y así lo hicimos, fue llegar y quedarnos dormimos. Por la noche salimos a caminar en busca de un poco de alimento, sólo para darnos cuenta que esta ciudad era más cara que la misma Londres. Como no podía ser de otra forma, fuimos a The Temple Bar, donde la cerveza que se fabrica a menos de 2 kilómetros del bar, estaba el doble de lo que la habríamos pagado en Edimburgo. El sábado hicimos un tour por la ciudad, visitando su castillo, universidad y sus parques. Fue en el último de ellos donde nos hicimos nuestros sanguchitos mirando como la lluvia mojaba aún más el agua de los lagos, si es que esto es posible.

Luego de almorzar fuimos al museo de la ciudad, vimos alguno de los restos que los vikingos habían dejado en la ciudad, y otras piezas de valor histórico. Hablamos con Mathieu nuestro anfitrión y quedamos en encontrarnos en el bar que habíamos visitado la noche anterior. Al llegar a su casa nos cocinó e inmediatamente se fue a dormir ya que estaba con fiebre, nosotros en cambio, fuimos a visitar «The Church», o «La iglesia», un bar que debe su nombre al hecho de estar funcionando en una antigua iglesia.

El lunes, estaba lloviendo y no nos quedaba mucho para hacer en la ciudad, por lo que decidimos ir a visitar el museo-fábrica de la cerveza Guinness. Pasamos gran parte del día allí y terminamos la tarde tomando una pinta en el bar ubicado en el séptimo piso del edificio, desde donde se tiene una vista fantástica de la ciudad, e incluso se llega a ver el mar. Volvimos al hostel donde habíamos dejado nuestro equipaje y nos fuimos a la casa de Brendan. Allí compartimos la rica cena que habría de preparar y nos fuimos a dormir para esperar el taxi que nos llevaría al aeropuerto para ir hacia Oslo.

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